Eso está cambiando.
El informe “The LatAm Stablecoin Economy 2026”, publicado por Stablecoin Insider, muestra una evolución mucho más profunda: las stablecoins están dejando de ser un producto financiero aislado para convertirse en una capa de infraestructura que conecta pagos, comercio internacional, tarjetas, payroll, tesorería y sistemas financieros locales. Y los números empiezan a mostrar la dimensión del cambio. Entre julio de 2022 y junio de 2025, Latinoamérica registró cerca de USD 1,5 trillions en volumen acumulado de transacciones con activos digitales. Solo durante 2025, aproximadamente USD 324 billion se movieron mediante stablecoins, un crecimiento interanual cercano al 89%. Pero el dato más interesante no es el tamaño del mercado. Es para qué se están utilizando esos dólares digitales.
De proteger ahorros a mover empresas
El informe identifica una transición clara en la adopción: Retail → B2B → Institucional. La primera etapa estuvo impulsada por consumidores buscando proteger su poder adquisitivo y acceder al dólar. La segunda está ocurriendo ahora: empresas utilizando stablecoins para pagos a proveedores, comercio internacional, payroll, remesas y tesorería. Y una tercera etapa comienza a aparecer con bancos, redes reguladas y grandes instituciones integrando este tipo de infraestructura dentro de sus propios productos. El crecimiento del segmento empresarial es especialmente significativo. El reporte estima aproximadamente USD 226 billion en pagos B2B con stablecoins durante 2025, con un crecimiento interanual superior al 700%. Payroll y remesas representarían otros USD 90 billion. Esto cambia completamente la conversación. Las empresas no están adoptando stablecoins porque quieran utilizar blockchain. Las utilizan porque quieren mover dinero más rápido, acceder a dólares, reducir fricción entre países y liberar capital de trabajo.
El verdadero problema sigue siendo el último kilómetro
Hay, sin embargo, una conclusión del informe que considero todavía más relevante para Latinoamérica: las stablecoins no reemplazan los sistemas financieros locales. PIX en Brasil, Bre-B en Colombia, SPEI en México, CVU en Argentina, redes bancarias, tarjetas y otros sistemas locales continúan siendo fundamentales para que el dinero pueda ser utilizado en la economía real. Blockchain puede resolver muy bien el movimiento internacional del valor. Pero al final una empresa necesita pagar proveedores. Una persona necesita comprar en un supermercado. Un trabajador necesita recibir dinero y gastarlo en su moneda local. El reporte lo resume muy bien: las stablecoins resuelven el tramo intermedio de una operación internacional, no todo el recorrido. El origen y el destino continúan dependiendo principalmente de infraestructura financiera regulada y de rieles locales. Por eso creo que la próxima generación de infraestructura financiera en Latinoamérica será necesariamente multi-rail. No será únicamente blockchain. Tampoco será únicamente banca tradicional. Será una arquitectura capaz de decidir cuál es el mejor riel para cada operación.
La oportunidad no está en elegir un riel ganador
Otro de los puntos más interesantes del reporte es precisamente este. Los operadores que están construyendo diferentes capas de la infraestructura están llegando independientemente a una misma conclusión:
El modelo ganador no será stablecoin-only ni traditional-only.
La oportunidad está en orquestar inteligentemente múltiples rieles bajo una misma experiencia. Una transacción podría utilizar stablecoins para cruzar una frontera y Bre-B para llegar al beneficiario en Colombia. Otra podría utilizar USDC como infraestructura de settlement y Mastercard para permitir que una persona gaste esos recursos en cualquier comercio. Otra podría utilizar PIX en Brasil, stablecoins entre países y SPEI en México. Para el usuario, toda esa complejidad debería ser invisible.
Ahí está, en mi opinión, la verdadera oportunidad para Latinoamérica
El reporte describe cinco capas principales de esta nueva infraestructura: emisión → settlement → liquidez/on-off ramps → distribución → aplicaciones como tarjetas y payroll. Pero creo que estamos entrando en una etapa adicional: la orquestación de todas esas capas. Para una empresa o una persona no debería importar qué blockchain, banco, procesador o sistema de pagos está detrás de una transacción. Lo importante es poder:
- recibir dinero
- mantenerlo en la moneda que necesita
- moverlo entre países
- convertirlo cuando sea necesario
- pagar
- utilizar una tarjeta
- acceder a servicios financieros
Todo desde una misma experiencia. Eso es especialmente relevante en Latinoamérica, donde tenemos simultáneamente algunos de los mejores sistemas de pagos inmediatos del mundo y una infraestructura cross-border que todavía puede ser lenta, costosa y fragmentada.
De “crypto adoption” a “financial infrastructure”
Para mí, esta es la conclusión más importante del informe. Durante años Latinoamérica fue analizada como una historia de adopción de cripto. Lo que estamos viendo ahora es diferente. Es una historia de infraestructura financiera. Las stablecoins están comenzando a convertirse en una capa adicional para mover valor, mientras bancos, tarjetas, sistemas de pagos inmediatos y redes locales continúan conectando ese valor con la economía real. El resultado probablemente no será un sistema financiero completamente nuevo que reemplace al existente. Será uno donde infraestructura tradicional y stablecoins funcionen juntas, y donde la tecnología desaparezca detrás de una experiencia mucho más simple para personas y empresas. El propio informe termina con una idea que resume muy bien hacia dónde vamos: los usuarios no piensan en blockchain, y el último kilómetro continúa ocurriendo sobre rieles financieros locales. Cuando la infraestructura se vuelve invisible, es cuando realmente se convierte en infraestructura.
Comentarios
¿El futuro de los pagos en Latinoamérica pasa por un solo riel, o por orquestar varios — stablecoins y pagos locales — en una misma experiencia?
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